La siguiente es la columna de Alvaro Urrejola, quien todos los lunes nos sorprende con alguno de sus articulos en La oPiñón les invito a leerlo cada lunes.
Dinero, fama, juventud, deseos y Chile, el país de niños futbolistas. 
Uno no sabe, no imagina, no intuye lo que debe ser para chico de población ganar, mensualmente, 40 millones de pesos. Uno tiene idea lo que debe ser para un moreno y pelo duro jugador de fútbol tener muchachas de cuerpos perfectos, rubias (artificiales y naturales, la ilusión es la misma) y deseadas por todos a sus pies. Es la locura, seguro. Piensen solamente que un futbolista, por muy bueno que sea, por mucho que siembre, su cosecha no será para siempre. A los 30 ya empieza su declive deportivo; por ende, su ocaso económico, mediático y, acaso, espiritual y mental también. Para ellos se trata de aprovechar algo que muy pocos mortales pueden aprovechar como sueñan: la juventud. La juventud tal y como el mito indica. Con plata, con estado físico, con fama, con la convicción de que el mundo nos pertenece. Con verdadero poder, lisa y llanamente. Son los nuevos rockstar de nuestra generación. Ídolos que trascienden edades, los que hacen despertar a una nación con la ilusa pero efectiva creencia de que un país es mejor si gana sus partidos.
Escuchan reggeatón, no rock. Se visten de zapatillas y les cuesta, sino no lo intentan, hablar el idioma del país que los buscó por sus dotes. Sus autos suelen ser despampanantes, qué sorpresa. Por lo general, deportivos o SUV que pesan más de dos toneladas y gastan acorde a ello. Seguramente no van a finos restaurantes, porque no se sentirían cómodos donde todos visten de chaqueta y zapatos de suela. Al momento de hablar, expresan pocas ideas, enredándose al tratar de comunicarse sin los modismos propios de jóvenes que en algunos casos no han llegado ni a segundo medio (caso de Gary Medel). Sus cortes de pelo son otro punto interesante. Se peinan a la moda europea popular, pero la que ya pasó hace cuatro años. Cuando les han exigido vestirse de corbata, han bromeado con eso de que se sienten como pingüinos. Uno se pregunta, ¿qué harán con esos millones mes a mes? Lo lógico sería administrarlos sabiamente en fondos, cuentas, bonos, qué se yo. Pero es un misterio. El caso de Arturito es digno de imitar. Se ha llevado a vivir con él a sus compinches del barrio, iniciándolos en la vida europea para no sentirse tan solo. Y es que él ha reconocido que en Alemania no sale, no conoce, no habla, no baila, no pololea. Y es en Chile, su tierra que lo regalonea, donde se pone al día con los deseos del cabro pelusón, amigote y parrandero. Donde el reggeatón se escucha a todo chancho desde su Nissan 350 Z sin que nadie te mire feo.
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